01 julio 2018

¿Realmente somos lo que somos?


Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. (Mateo 23.28)
Jesús hablaba a los escribas y fariseos y les acusabas de aparentar ser lo que en realidad no eran. Aunque parecían ser santos, no eran sobrios ni justos. La actitud de los escribas y los fariseos era como los adornos de una tumba o el vestido de un cadáver, sólo para el espectáculo.


Hoy en día se vive en un mundo irreal, en el que la mayoría de las personas quiere aparentar ser lo que no son. Hay infinidad de programas de retoque fotográficos para corregir la imagen real y presentar una imagen mejorada. Las redes sociales son un inmenso escaparate para mostrar, presumir y aparentar cosas que no ocurren en nuestra vida, y solo con el fin de busca mayor aprobación, reconocimiento o likes. Incluso hay personas que plagian frases e ideas para hacerlas pasar como propias. Con todas estas cosas lo únicos que logramos es hacernos pasar por alguien que en realidad no somos.

Hay una historia en la Biblia que me llama mucho la atención cuando queremos aparentar lo que no somos, y es cuando el rey Saúl le da sus ropas, a David y le puso sobre su cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza. (1 Samuel 17.38).  David al principio se pone todo aquello e intenta caminar con esas cosas, pero que nunca en su vida había usado, solo para darse cuenta que era imposible andar con la armadura de Saúl.
El versículo inmediato, (vs-40),  dice que David echó de sí aquellas cosas Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.  Es decir, David dejó las herramientas de Saúl y tomó las herramientas de pastor que Dios le había dado y que le había enseñado a usar a lo largo del tiempo que estuvo trabajando como pastor, y que no se avergonzó de ello.

No intentemos ser quien no somos. Dios nos ha puesto en el lugar en el que estamos  y nos ha capacitado para el trabajo más correcto, donde somos más productivos en la obra de Dios. Si quisiera a otro más espiritual, más erudito, o alguien más próspero o más capaz, seguro habría llamado a aquella persona en lugar de llamarte a ti o a mí.

No nos avergonzamos de ser como somos, ni queramos dar una imagen irreal de nuestra vida. Mostrémonos al mundo tal como somos, sin filtros, sin retoques, dice las Sagradas Escrituras, que Dios escogió lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios. (1 Corintios 1.17-28).

Un corazón honesto, sincero, un corazón que confía en Dios, en su sabiduría y en su fidelidad, aprende a ser como es cada uno en la realidad, y a estar contento en cualquier situación. Pablo estaba contento porque pudo ver la vida desde la perspectiva de Dios. Se concentró en lo que se suponía que debía hacer, no en lo que sintió que debía tener (Filipenses 4.12).

No permitamos que el mundo nos intoxique con sus ofertas de gloria y reconocimiento, busquemos la gloria de Dios y seamos agradecidos de ser como somos sin apariencias, porque en las manos de Dios podemos ser un instrumento  que Dios use para su gloria y honra.  

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