29 mayo 2011

Haz obra de evangelista, gana almas para Cristo

¿Cuántas veces nuestras vidas las encontramos sin un propósito espiritual?, ¿cuántas veces nos sentimos como las olas del mar, vamos y venimos sin realizar ningún cambio?, ¿cuántas veces esperamos a ver si ocurre algo en nuestra vida?

No necesitamos tener renombre de evangelista, ni tener a nuestro alcance un pulpito, o estar delante de una gran congregación, podemos dar las buenas nuevas de salvación a las personas con las cuales convivimos, con las cuales nos topamos en nuestro camino, en nuestro trabajo.

Hay una mujer que llevo el evangelio a una ciudad completa a pesar de sus defectos. La mujer samaritana de Juan 4:9 tenía muchos problemas, pero el que nosotros no seamos perfectos no es impedimento para que Dios nos use.

¿Por qué no te conviertes en un evangelista?, atrévete a llevar las buenas noticias a todos los que conoces de que Jesús es real, que murió por todos nosotros, que resucitó, y que quiere saciar nuestra sed de una vez y por todas.

20 mayo 2011

¿Qué Opinión tiene Dios de Usted?

Nos gusta pensar que somos hombres y mujeres de carácter, que no nos dejamos influenciar por la publicidad, por las modas y las opiniones de los demás. Nos consideramos personas con principios claros y definidos, que no cedemos ante los anuncios e ideas que nos quieren imponer, o a comentarios que otros vierten en nuestra persona.

Y claro, también nos preocupa bastante lo que otros cristianos piensan de nosotros, ¡en especial aquellos con los cuales nos congregamos! Seguramente que, recibiríamos con agrado expresiones como “Gracias a Dios por usted hermano que es un gran evangelista”, “Qué alegría trabajar con una hermana llena del Señor como usted”, “Usted sí que es un creyente de todo corazón”, “Usted es un pilar en nuestra iglesia”, “Usted es para nosotros un ejemplo de una vida santificada”, “¡Qué mujer tan virtuosa es usted!”.

Es posible que los hermanos con quienes nos congregamos nos describan como “doctrinalmente profundos y muy espirituales”.

Tal vez nuestros compañeros de trabajo nos consideren empleados ejemplares. Quizás nuestros vecinos nos tengan como personas responsables

Pero… ¿qué piensa el Señor Jesucristo de nosotros? Lo que somos ante los ojos de Dios eso es lo que importa, lo que piense Dios de nosotros, eso es lo importante, y eso es lo que somos en realidad.

La Palabra de Dios es clara: “Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

13 mayo 2011

Comida basura

Hace unos días se ha publicado una noticia que llama mucho la atención.

El crecimiento de la obesidad infantil en España es espectacular y preocupante: si hace 15 años, el 5% de los niños españoles eran obesos, esta proporción es ahora del 16%. En la Unión Europea, sólo Gran Bretaña nos supera.

La obesidad infantil se ha incrementado más que nunca. Un culpable fundamental del aumento perjudicial de peso son los malos hábitos alimentarios y la comida de mercado masivo de rápida preparación, (traducción: comida basura).

La comida basura son productos que saben muy bien, pero que carecen de valor nutritivo y que, en general, tienen un alto contenido calórico y de grasas. Los restaurantes de comida rápida, patatas fritas, dulces y chuches son algunos productos que tienen estas características.

Para tener una vida espiritual saludable, también tenemos que evitar la «comida basura espiritual». Pablo en la carta a los Gálatas se lanza directamente a censurarlos por haberse alejado de Dios para aceptar otro evangelio, (Gálatas 1.6), Algunos “cristianos” proclaman «un evangelio diferente», desde tener salud y riqueza hasta experimentar una falsa espiritualidad. También venden canciones y libros cristianos que contienen doctrinas engañosas. Ingerir esta clase de «comida» quizá pueda satisfacer tu hambre interior, pero seguro que no te producirá una buena salud espiritual.

Hebreos nos advierte: «No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia» (13.9). Las falsas doctrinas perjudican nuestra salud porque no nos puede limpiar del pecado ni podemos crecer espiritualmente. Sin embargo, la enseñanza bíblica basada en la gracia y en la verdad hace ambas cosas.

Evita la «comida basura espiritual» y, en su lugar, darte un festín con la Palabra de Dios, mejorara tu salud espiritual.

09 mayo 2011

¿Nuestra confianza es Jehová?

Mejor es confiar en Jehová Que confiar en príncipes. (Salmo 118:9)

Cuando viajas en avión depositas tu confianza en los pilotos y la fiabilidad de los aviones. Los que viajamos en tren, automóviles o bus viajamos con la confianza que nos van a llevar a nuestro destino sin ningún contratiempo. Todos los días debemos poner nuestra confianza en algo o en alguien. Si estamos dispuesto a confiar en un avión o en un automóvil, ¿confiaremos también en Dios para que nos guíe y nos ayude siempre? Recordemos que Dios es soberano y que tiene el control de todas las cosas, de todos nuestros problemas, de todas nuestras decisiones. Cuán vano es confiar en algo o en alguien más que en Dios.

06 mayo 2011

Falsificando la palabra de Dios

Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo. (2 Corintios 2.17)

Algunos predicadores en los días de Pablo eran "revendedores ambulantes del evangelio" que predicaban sin entender el mensaje de Dios, que utilizaban la palabra con fines de lucro, o sin importarles lo que pudiera sucederles a sus oyentes. No les interesaba tanto expandir el Reino de Dios, sino hacer negocios con la palabra de Dios.

Hoy también existen esos revendedores religiosos a quienes solo les interesa el dinero y no la verdad, hombres que no les importa usar palabras equivocadas que arraiguen en algún corazón y pueda causar daños cuyo alcance desconocemos.

Debemos cuidarnos en todo momento de no distorsionar el mensaje del Señor, para obtener lo que queremos de los demás. Con un corazón entregado a Dios, debemos comunicar con honestidad las verdades espirituales que beneficien a los oyentes.

Aquellos que realmente hablan en nombre de Dios deben caracterizarse por su integridad, humildad y responsabilidad, y no deberían predicar nunca por motivos egoístas.

Compartir el Evangelio tiene que ser un beneficio para los demás, no para nuestra prosperidad.

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