28 diciembre 2017

Una promesa cumplida.

Cuántas veces hemos leído sobre todos en estos días el capítulo 2 del evangelio de Lucas sobre todo el nacimiento de Jesús, y sobre los ángeles y las buenas nuevas que les dieron a los pastores.
Pero casi siempre nos hemos parado hay, en el nacimiento y el regocijo de los pastores, pero no hemos ido un poco para adelante donde la palabra de Dios nos habla de un hombre llamado Simeón que la Biblia le describe como, justo y piadoso, y que esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él.


Pocas o ninguna vez he escuchado, ni he leído ningún sermón de este hombre entregado a Dios, pero era tan grande su deseo y amor por el Señor que el Espíritu Santo le confirmo que no moriría antes de ver con sus propios ojos al Hijo de Dios.
¿Nos imaginamos una promesa tan especial en nuestra vida?
Dice la palabra de Dios que cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, trajeron al niño a Jerusalén para presentarle al Señor, cumpliendo así la Ley en cuanto a los recién nacidos. Es, cuando Simeón toma al pequeño Jesús en sus brazos y bendice a Dios: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra. Porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.” (Lucas 2.29-32)

No puedo imaginarme lo que Simeón estaría experimentando, pero lo que le dice a Dios nos habla bastante de su carácter y el por qué Dios favoreció a este hombre.
Simeón reconoció que Dios cumple su Palabra y que la salvación proviene de Él, y solamente de Él. Y lo que es más, bendijo a Dios porque reconoció que esta gran salvación es para todos, judíos y gentiles por igual.
Simeón había esperado toda su vida, sin embargo, en lugar de mirar sus circunstancias, prefirió cultivar la esperanza, apoyados en la promesa del Redentor que vendría. Y Dios no los defraudó.

La historia está llena de promesas incumplidas.  Los políticos no siempre cumple sus promesas electorales, los países hacen pacto de no agresiones, que más tarde y casi siempre por intereses económicos no los cumplen.
¿Qué hay de lo que prometen cosas a nivel individual? La verdad es que nos decepciona mucho que alguien no mantenga su palabra, en especial si lo conocemos y confiamos en él. La gente tal vez no cumpla sus promesas porque no puede o no quiere hacerlo.

Qué diferentes son las promesas humanas  de las promesas de Dios. Estas últimas son absolutamente fidedignas y confiables. Toda promesa de Dios es una promesa segura,  y sin falta se cumplirá.

Por esa razón hoy quiero animarte a que no dejes de creer, hoy quiero recordarte que tenemos a un Dios que cumple sus palabras y sus promesas, que lo único que necesita de nosotros es que le creamos.

Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta.  Él dijo, ¿y no hará? (Números 23.19)



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