06 agosto 2017

“Palabra de honor”

Seguro que todos conocemos o en alguna ocasión hemos utilizado la expresión: “palabra de honor” o “te doy mi palabra.” Pero, ¿qué es lo que queremos transmitir con esas palabras?  Muchas veces ignoramos el verdadero significado de lo que significa estas palabras.


Las expresiones, palabra de honor,  tener palabra o la palabra empeñada es la promesa cuyo cumplimiento está garantizado por la honradez o la reputación de la persona que la hace. Estas palabras dice mucho sobre la seriedad, honestidad y sinceridad de una persona.

Pero hoy, todo ha cambiado, anteriormente la palabra nos avalaba, los hombres eran fieles a su palabra, pero ahora hay un dicho que dice donde “donde dije digo, digo Diego” que quiere decir que las personas  se arrepiente de lo que ha dicho, lo corrige, negando lo anterior.

En el mundo de los negocios, la palabra de uno ya no es garantía alguna de compromiso y sentido de fidelidad. La política es otro ámbito en el que las palabras de honor,  brilla por su ausencia. Y que decimos del elevado números de divorcios y fracasos matrimoniales, personas  que, del sí afirmativo (“sí quiero”) hemos pasado a un si condicionado a,  cómo me va, o si se cumple la expectativas de felicidad.

Incluso en el ámbito cristiano, encontramos casos de una clara infidelidad a la Palabra de Dios por parte de hombres y mujeres que, supuestamente, creen e incluso prometen sujetarse a declaraciones  o confesiones de fe pero que, sin embargo, mantienen vidas y enseñan principios que son totalmente opuestos al Evangelio.

El único que ha sido siempre el mismo, que hoy sigue siendo el mismo de ayer y seguirá siendo igual toda la eternidad que estemos a su lado es   Dios y, si sabemos que nunca ha cambiado ni cambiará, también sabemos que siempre habla con la verdad por lo cual todo lo que nos promete lo cumplirá. En el segundo libro a la iglesia de corintios Pablo les decía: 

“Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”. (1.20)
El apóstol Pablo está diciendo que todas las promesas que Dios hace no solamente son firmes y verdaderas, sino que además Dios tiene un vivo deseo de que sucedan, sí Él lo dijo lo hará porque realmente quiere hacerlo en ti,  Dios no dice algo a la ligera, no queda bien con sus palabras ni asiente con su cabeza a tus peticiones por compromiso, todos sus,  si y sus no tienen garantía de cumplirse. Así que sí Él dice que te ama, es verdad, Él ha dicho que estará con nosotros todos los días de nuestra vida, ha dicho que si lo buscamos lo encontraremos, ha prometido que si leemos su Palabra y la guardamos todo lo que hagamos nos saldrá bien, nos ha asegurado que si le permitimos ser Señor de nuestra vida estaremos con Él por la eternidad, Y si Él lo dijo, así será.

Dios nos ha dado en su palabra muchas y grandes promesas, pero ¿realmente contamos con ellas?, ¿de verdad creemos que Dios las llevara a término? ¿Estamos realmente a la expectativa de ver cómo Dios realiza en nuestras vidas las promesas que encontramos en su Palabra?


Descansamos confiadamente en  sus palabras: “Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa.”  (Hebreos 10.23)

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