26 julio 2015

Nuestras palabras tienen poder

Seguro que te ha pasado más de una vez, que has estado delante de niños y hemos tenido mucho cuidado con las palabras que hemos hablado, porque no queremos que ellos aprendan palabras incorrectas, o porque no queremos que las pronuncien sin control, porque los niños dicen muchas cosas sin detenerse a pensar qué efecto puede causar, o si pueden hacer daño.


Tenemos que tener mucho cuidado con las palabras que salen de nuestra boca, porque las palabras tienen el poder de crear, de destruir, de ayudar o de animar,  La palabra es lo más poderoso que tenemos para expresarnos. Podemos mover ejércitos con ella, hacer el bien y también causar la destrucción, Porque las palabras tienen vida, son capaces de bendecir o maldecir, de edificar o derribar, de animar o abatir, de transmitir vida o muerte, de perdonar o condenar, de empujar al éxito o al fracaso, de aceptar o rechazar... el mejor ejemplo lo podemos apreciar en una amistad o una relación, comienzan conversando y por cualquier palabra que podamos decir fuera de lugar puede terminar dicha relación

La palabra es un regalo que nos ha sido entregado por Dios. “En el principio fue la palabra y la palabra es Dios” [1]  Fueron las palabras, en el caso, las proferidas por Dios, que nos trajeron a la existencia, por eso, las palabras que decimos son acción, y, como seres creados a su imagen y semejanza, tal como Dios, nuestras palabras también llevan poder. Mediante la palabra expresamos  nuestro poder creativo. Es gracias a la palabra que podemos manifestar todo.
Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, todo se manifiesta a través de la palabra. La palabra es la herramienta más poderosa que poseemos como seres humanos, Con ella puedes crear el más bello sueño o puedes destruirlo todo a tu alrededor.

¿Cómo hablamos a los demás? ¿Qué les transmiten nuestras palabras?
¿Qué me digo a mí mismo? ¿Hacia dónde me conduce mi dialogo interno?

Jesús dijo: “Yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado” [2]

Todos necesitamos palabras de aliento, de reconocimiento, gente que valore lo que hacemos, lo que somos. Por eso, antes de proferir cualquier palabra debemos ser conscientes del poder que éstas tienen en la vida de los demás y en la propia.
“La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos” [3]
Muchas veces hablamos por hablar y no consideramos que podemos estar marcando a alguien de por vida, que en lugar de sacarlo del pozo en el que se encuentra le estamos echando tierra, que anulamos el potencial que puede tener y, de esa forma, evitamos que cumpla el propósito con el cual fue creado.

Lo peor es que no sólo lo hacemos con otras personas, sino con nosotros mismos. Cometemos un error y nos vamos auto descalificando, somos muy duros con las auto críticas. No perdonamos nuestros errores y olvidamos que estamos en proceso de formación para el propósito para el cual fuimos creados.
Hay un dicho que dice que las palabras se las lleva el viento, pero ¡NO!, el viento no se  lleva las palabras, están dejan huella, tienen poder e influyen positiva o negativamente.
Debemos cuidar nuestros pensamientos porque si quererlo se convierte en palabras y debemos cuidar nuestras palabras, porque ellas marcan nuestro destino y el destino de los demás. Pensemos las cosas antes de hablar, no debemos decir ni una palabra cuando estemos airados o resentidos, porque nuestras palabras pueden dañar, debemos estar calmados y hablar solo cuando estemos en paz. Así como una cometa se puede recoger después de echarla a volar, nuestras  palabras jamás se podrán recoger una vez que han salido de nuestra boca”.

De nosotros depende si las palabras las usamos para bien o para mal, tanto para ti como para los demás. Cuidemos nuestras palabras, recuérdalo siempre, ellas tienen poder. 

Habla de tal manera que en tu alma y en la de los demás quede la paz.

[1].- Juan 1.1
[2].- Mateo 12.36-37
[3].- Proverbios 18.21


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