31 marzo 2013

La obediencia


Nos pasamos media vida obedeciendo. Obedecemos, a nuestros padres,  a nuestros mayores, a nuestros jefes, a nuestros profesores, a nuestro cónyuge, etc., también obedecemos a nuestras emociones, la ira, el temor, la alegría, la tristeza, etc.


Seguramente hemos aprendido, que, no obedecer tiene consecuencias negativas. En ocasiones, la desobediencia sobre todo la de los hijos acarrea un problema a los  padres que desesperados y agobiados por la indisciplina del hijo, suelen recurrir a medidas correctivas en forma autoritaria.

Si no obedecemos a nuestros profesores  seguramente el tiempo pasara, no aprovecharemos el tiempo y las consecuencias, no sacar el curso adelante.
Tenemos que obedecer a nuestros jefes, aunque muchas veces, no nos  gusta lo que nos mandan, o no tengamos ganas de hacer lo que me piden, pero ellos son los que planifican el trabajo y es su responsabilidad mandar y la nuestra obedecer, y las consecuencias de no obedecer seria vernos sin trabajo.

Pero cuando se trata de obedecedor a Dios, de nuestro creador, nos cuesta tanto trabajo hacerlo,  incluso lo cuestionamos, ¿por qué tengo que perdonar?, ¿por qué tengo  que orar?, ¿por qué tengo que leer la Biblia?, ¿por qué debo ir a la iglesia?
Dios no se equivoca, y sin embargo obedecemos a nuestros padres, profesores, jefes, por las consecuencias que nos pueden traer la desobediencia, sin embargo no valoramos las consecuencias que nos pueden venir de no obedecer a Dios.
La biblia nos habla de las consecuencias de la desobediencia [1]  y podremos entender como tantas personas pasan por situaciones adversas, que no son sino el producto de la desobediencia a Dios. No es que el Señor sea un ser vengativo, en todo momento alerta a nuestros fallos, para dejar caer sobre nosotros el peso de su castigo, sino que como un padre advierte a sus hijos de los peligros inminentes, y es nuestra decisión obedecerle o no, ya que el Señor nos ha dado un libre albedrío, o sea, que somos libres para tomar nuestras decisiones, nunca seremos obligados por Dios sólo que por su amor El nos quiere librar del mal. Pero como es común la mayoría de las veces al no hacer caso como niños desobedientes, tropezamos y nos herimos, cosa que el Señor quiere evitarnos.

El Señor nos ha ofrecido grandes bendiciones por nuestra obediencia, siendo la única condición la obediencia a su palabra. Nuestras almas son purificadas por la obediencia a la verdad, obedecer a nuestro Dios, es un ejercicio muy especial y beneficioso  que purifica nuestras almas, así como ir al gimnasio, correr, nadar, etc., fortalece nuestro cuerpo físico y lo tonifica, así la obediencia es el mejor ejercicio para nuestro espíritu, lo agiganta, le da poder para vencer cualquier dificultad, podemos demandar cualquier cosa de Dios y tendremos lo que pidamos, seremos invencibles,  ¿Si Dios con nosotros? ¿Quién contra nosotros? [2]

El que no obedece a la Palabra de Dios se engaña a sí mismo, pues no son los oidores los bendecidos, sino los hacedores de la palabra. Es tan importante nuestra obediencia a Dios,  que si no obedecemos, ningún sacrificio u ofrenda que hagamos al Señor, será aceptada por él pues dice la Biblia, que más importante que cualquier sacrificio es obedecer a Dios. [3]

[1].- Deuteronomio 28: 15-40
[2].- Romanos 8.31
[3].- Mateo 5:23-25

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