02 septiembre 2011

Fingir

Volviendo al futbol, hemos podido comprobar cómo algunos jugadores se han acusado de fingir. Fingen lesiones, agresiones, golpean sin piedad a sus adversarios, representar una cosa que no es verdad para que alguien se la crean, con el fin de engañar al árbitro.

La frase “fingimiento” es la traducción griega significa “hipocresía”, Esta palabra no tenía originalmente la connotación negativa que ahora tiene. Antiguamente se le llamaba “hipócrita” al actor que representaba un papel en el teatro. Estos actores solían usar máscaras con dispositivos que les permitían proyectar la voz. De ahí que, luego, la palabra “hipócrita” comenzó a usarse para denotar engaño o fingimiento. Así como los actores del teatro representan un papel que no corresponde con la realidad, así también hacen los hipócritas: representan un papel, pretenden ser lo que no son, sentir lo que no sienten, tener una motivación que no tienen o hacer creer algo que no es verdad.

Una de las normas cristianas es no fingir, ser sinceros, en la carta a los Romanos Pablo nos enseña que nuestro amor sea sin fingimiento absolutamente sincero. No debe tener nada de hipocresía, ni de apariencia, ni de segundas intenciones.

Muchas veces aprendemos a fingir que amamos a los demás. Sabemos cómo hablar con bondad, evitando herir sentimientos y aparentando interés en los demás. Podemos aun fingir que nos llenamos de compasión cuando oímos de las necesidades de otros o de indignación cuando nos enteramos de alguna injusticia. Pero Dios nos llama a sentir el verdadero amor que va más allá de las emociones y conducta superficiales. El amor sincero requiere concentración y esfuerzo. Incluye hacer algo para que otros sean mejores. Demanda tiempo y participación personal, el amor involucra algo bien importante que es la honestidad. La honestidad debe ser un distintivo del cristiano. En la iglesia no debemos hablar unos de los otros, detrás de las espaldas. Debe haber transparencia, por eso dice el amor sea sin hipocresía.

Eso es amar sin fingimiento, sin hipocresía, procurando únicamente la gloria de Dios y el bienestar de mis hermanos. Pedro nos dice que este es un amor que nace de un corazón puro, santificado, libre de motivaciones ocultas.

El hipócrita da limosna, pero no para saciar al hambriento y socorrer al pobre, sino para ganar una buena reputación delante de los demás; y lo mismo hace con la oración y el ayuno.

El hipócrita es el individuo que se acerca al hermano en la iglesia y pretende hacer algo por él, pero no porque tiene la intención de servirle y ayudarle, sino porque sabe que de alguna manera ese hermano puede favorecerlo.

Que nuestras decisiones, y todo que hagamos lo hagamos de corazón, siendo honestos, sinceros y no fingiendo nada, porque una cosa tenemos que tener clara, que quizá engañemos a nuestros hermanos, a nuestros pastores, a nuestra familia pero a Dios no lo podemos engañar.

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