05 agosto 2018

Haz de tu boca una fuente de bendición.


Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. (Mateo 12.37).
Las palabras que salen de nuestra boca pueden llegar a ser un arma de destrucción masiva, instrumento desencadenante de conflictos y guerras. También hay palabras que puede terminar con matrimonios, familias, amistades, iglesias, carreras, esperanzas, entendimiento y reputaciones.
Pero también hay palabras que pueden ser un una fuente de bendición para otras personas. Hay palabras que pueden formar matrimonios hermosos, familias fuertes, e iglesias saludables. Hay palabras que dan  esperanza al desesperado, animo, y fuerza al cansado.


Como cristianos debemos saber que hablar las palabras correctas es una clara evidencia de que tenemos la imagen de Dios en nuestra vida, como así mismo demuestran pruebas de la nueva vida de un verdadero cristiano. Dios quiere que la “nueva naturaleza” del cristiano se demuestre en la manera en que hablamos.

Así que no debemos responder a palabras perversas o desagradables con más palabras perversas y desagradables; tampoco debemos responder con palabras malas a las palabras mala, en su lugar, debemos vencer el mal con el bien, (Romanos 12.21). 
Nuestras palabras deben ser amables y de bendición, no destruyendo a los demás, sino contribuyendo a su edificación, si nos maldicen, bendecimos; si nos persiguen, lo soportamos;  si nos calumnian, los tratamos con gentileza. (1 Corintios 4.12-13).

Consideremos lo que dice las Sagradas Escrituras acerca del impacto de las palabras amables, que edifican a la hora de resolver los conflictos:

Las palabras cordiales y conciliadoras pueden calmar a una persona enojada: “La blanda respuesta quita la ira”.  (Proverbios 15:1).

Las palabras amables pueden consolar un corazón enfermo y herido: “La lengua de los sabios es medicina” (Proverbios 12:18). “La congoja en el corazón del hombre lo abate; más la buena palabra lo alegra” (Proverbios 12:25). Las palabras amables y generosas…. son como panal de miel. . . suavidad al alma y medicina para los huesos” (Proverbios 16:24).

Las palabras agradables son más convincentes: El sabio de corazón es llamado prudente,  Y la dulzura de labios aumenta el saber. (Proverbios 16:21).

Palabras cordiales y pacientes pueden contribuir a la resolución de los problemas más complejos y convertir en aliado al adversario más férreo: “Con larga paciencia se aplaca el príncipe, y la lengua blanda quebranta los huesos” (Proverbios 25:15).

Así que si queremos persuadir a la gente de una manera correcta, amable, debemos dirigirnos a ellos con palabras amables, edificantes y alentadoras. Escojamos nuestras palabras con prudencia y consideremos la forma de edificar a otros y no destruirlos.

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