08 junio 2014

No hagas lo que yo digo, haz lo que yo hago.

Hace unos días La Policía Nacional  intercepto al juez del Tribunal Constitucional Enrique López conduciendo su moto sin casco en el paseo de la Castellana de Madrid, y sometido a una prueba de alcoholemia dio positivo. Deja mucho que desear la conducta exhibida por nuestros jueces, políticos y personas públicas, con una conducta vergonzosa  que ejercen de forma continuada. Ocupando como ocupan un cargo público, su conducta ha de ser ejemplar y además de serlo han de parecerlo.


Cómo se atreven a impartir leyes, si son ellos con su ejemplo los que nos están  diciendo con su conducta no verbal "hagan lo que yo digo pero no lo que yo haga”
En la vida diaria, siempre se ha cotizado mucho a aquellas personas cuya forma de obrar responde habitualmente a sus convicciones humanas ampliamente conocidas. Son personas no sólo "de palabra", sino "de hechos" concordantes con su palabra.

El testimonio de Pablo a los líderes de Éfeso es revelador, les dice: “Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, [1] esto es como si dijera: “Ustedes son los que calificarán mi conducta, pues mi testimonio está a la vista, y al parecer no encontrarán nada que reprocharme”. Y si bien es cierto que los falsos apóstoles pusieron en duda su apostolado, [2],  los cristianos con quienes anduvo, tuvieron que reconocer su entrega y amor por ellos.
Cada cristiano debe tener preocupación por su forma de actuar en la vida diaria. El Señor Jesús espera que andemos según el ejemplo que Él  nos ha dado. Dijo que el comportamiento cristiano visto por el mundo sirve para demostrar que somos discípulos de Él. “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” [3]

Hay una historia en la Biblia, [4] que nos cuenta como los discípulos llaman la atención de Jesús haciéndole saber de que un hombre echa demonios (hace milagros) en el nombre de Jesús, pero no les sigue a ellos, no para junto a ellos. Ante esa situación ellos se lo han prohibido. ¿Por qué este hombre no les sigue? ¿Cuál es la razón, el es un creyente de Jesús, tiene poder para hacer milagros, pero no está de acuerdo en la forma como los discípulos llevan a cabo la misión. Para Jesús es muy importante atender este asunto y da su respuesta con autoridad: “no se lo prohíban, porque no hay nadie que haga milagro en mi nombre y que luego hable mal de mí” En otras palabras, él también es un discípulo mío, un seguidor, aunque no se reúna con ustedes, él no está en contra de nosotros, sino a favor. La aclaración vale la pena hacerla, porque ¿cómo van a pretender que este hombre, creyente en Jesús, les siga, si ellos mismos han estado discutiendo en el camino quién ha de ser el mayor entre ellos?, menudo testimonio estaban dando. [5]

Esta situación es también válida para nosotros los discípulos de Jesús en estos tiempos. ¿Qué testimonio estamos dando ante los demás? ¿Qué estamos discutiendo ante los mas “jóvenes” del Señor?  Muchas veces no nos damos cuenta de lo que hacemos;  una mala mirada, una palabra mal sonante, un chisme, una crítica envidiosa, el aprovecharnos de la iglesia para lograr asuntos personales, mala conducta de cierto líderes y pastores, pleitos entre los hermanos, etc. Todo esto es un mal testimonio del amor de Dios entre los creyentes.

Alguien dijo: si los creyentes queremos que la gente crea en Dios, deberemos presentar más evidencia de que nuestras vidas han sido realmente cambiadas. Lo que necesitamos hoy son creyentes que estén dispuestos a vivir, sufrir, sacrificarse y amar por amor a Jesús.

Doy gracias a Dios por las personas que puso en mi camino, que no solamente me enseñaron  amar a Dios,  y amar su palabra, sino que con su comportamiento me demostraron que Dios era algo más que una religión, me demostraron algo tan especial con su comportamiento que despertó en mi las “ansias” de aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador de mi vida.

Las Escrituras dicen que la gente se admiraban de Juan y Pedro, y les reconocían que habían estado con Jesús” [6]. La frase les reconocían significa “conocido por una señal distintiva.”
¿Cuál era esta señal que distinguía a Pedro y a Juan? Era la presencia de Jesús. Ellos tenían la semejanza y Espíritu de Cristo. Una vida cambiada convence a la gente del poder de Cristo. Uno de sus más grandes testimonios es la diferencia que otros ven en su vida y acciones desde que aceptamos a Cristo.

[1].- (Hechos 20.18)
[2].- (2 Corintios 11.12)
[3].- (1 Juan 2.6.)
[4].- (Marcos 9.38-50)
[5].- (Marcos 9.34)

[6].- (Hechos 4.13)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ÚLTIMA ENTRADA PUBLICADA

El Dios de las segundas oportunidades

Hoy en día, si cometes un error, estás perdido. Un tweet incorrecto puede significar que tengas un grave problema. Un comentario irreflexivo...