17 abril 2016

Como ejercer influencias positivas

Hace muchos años éramos un gran grupo de amigos, entre todos había uno que destacaba por tener una personalidad más fuerte, el resto del grupo normalmente le seguíamos, quiere decir que siempre o casi siempre hacíamos lo que este amigo proponía. Todo hubiera sido normal si este muchacho hubiera sido un chico “sano”, pero eran tiempos de experimentar cosas nuevas y prohibidas y muchos nos dejamos influenciar por este amigo y caímos en nuevas “diversiones, alcohol, drogas, etcétera. 


Siempre me achacaron que mi amigo fue una mala influencia para mí, y así fue, nadie me obligo, simplemente ver la forma de actuar, de pensar, la forma de divertirse cambio mi manera de vivir. 

Resumiendo, no fue lo que me dijeron, sino lo yo vi, lo que influyo en mi manera de vivir, en este caso para peor.

Muchas veces nuestro deseo es que las personas que están a nuestro alrededor cambien su forma de vivir, no estamos de acuerdo con sus maneras de actuar y cuestionamos sus maneras y formas de proceder porque no nos parecen las mejores. Pero estoy seguro que si no influimos positivamente en esas personas nunca vamos a ver el cambio deseado y seguirán actuando de la misma forma.

Cuando la Biblia nos enseña que debemos ser la sal de la tierra, (Mateo 5.13).  Dios pretende que nosotros los cristianos seamos los mayores obstáculos para parar todo pecado, corrupción, mentira y engaño. Nosotros debemos ser la influencia moral en un mundo donde las normas morales son bajas, están en constante cambio para peor, o en muchos casos no existen. Ser cristiano encierra una responsabilidad enorme, implica influenciar, ser piedra angular en la transformación del mundo, edificar y no destruir.
¿Pero, de qué manera?

No, a través de sermones, reprimendas, o versículos sueltos sin ningún propósito, sino a través de los principios y valores que asumimos como cristianos y que se debemos reflejar en nuestro día a día en el trato con las personas.
Pero cuidado podemos correr el riesgo de que disminuya nuestro grado de influencia sobre las personas que nos rodean,  cuando exista una enorme brecha entre lo que predicamos y lo que hacemos.

El símbolo del cristianismo no es una señal exterior, ni tampoco una cruz o una corona que se lleven puestas, sino que es aquello que revela nuestra unión con Dios.  Por el poder de la gracia divina manifestada en la transformación del carácter, el mundo ha de convencerse de que Dios envió a su Hijo a morir en la cruz del calvario, para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10.10).

Ninguna otra influencia que pueda rodear el alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida cristiana preocupándose por nuestro prójimo. La influencia tiene un gran poder, se contagia, se pega a otros. Lo que hagamos o dejemos de hacer, enseña a otras personas. Por ello, debemos tener especial cuidado con nuestro estilo de vida. El secreto de la influencia descansa sobre el carácter del cristiano.

Si quieres que tu familia, amigos, compañeros de estudio, trabajo cambie de vida, interésate por ellos, dedícales tiempo e invierte mucho más esfuerzo para hacerles sentir lo importante que son para Dios, cuando las personas se sienten valoradas por los demás será el momento de sembrar el precioso mensaje de Salvación.


Estoy seguro que de esa manera podemos influir positivamente en las personas de nuestro alrededor para que tengan actitudes diferentes, y a través de esa influencia puedan conocer a Jesucristo, que al fin y al cabo de eso se trata, que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.  (1 Timoteo 2.4)
ESTEBAN MORENO

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