24 agosto 2013

Dios mira nuestro interior, cuidémosle.

He leído una noticia sobre una estafa que han perpetrado en una empresa. La noticia decía más o menos así: Se presento un hombre que decía representaba a una gran empresa ofreciéndonos unos servicios que con el tiempo nos dimos cuenta que nos había engañado. A la pregunta de la policía de que como se habían dejado engañar de esa manera, la respuesta de los jefes de la empresa fue: a parte de todos los documentos que nos presento, algo que nos llamo mucho la atención fue que se le veía un hombre tan serio, elegante, educado, que nadie podía imaginar que nos fuera a estafar.


El hombre ve lo que está delante de sus ojos, pero como dice un dicho popular: No todo lo que brilla es oro; lo que puede lucir bueno y agradable a la vista puede ser dañino y maligno. Lamentablemente, cuando miramos con los ojos físicos vemos lo externo y somos dados a hacer juicio, el cual, la mayoría de las veces, es equivocado.

Samuel estaba buscando sustituto para Saúl, (1 Samuel 16), este era un hombre alto y atractivo, que impresionaba por su buena apariencia, y el profeta pudo haber estado buscando alguien que se pareciese a Saul, pero Dios le advirtió que no juzgara sólo por las apariencias.
Cuando las personas juzgamos sólo por las apariencias externas, podemos pasar por alto a personas que poseen valores dignos de tener en cuenta, pero la apariencia no revela lo que la gente es en realidad, ni sus verdaderos valores. Afortunadamente, Dios juzga por la fe y el carácter, no por las apariencias, y debido a que sólo Dios puede ver el interior, sólo Él puede juzgar a las personas con precisión.

Que reconfortante es saber que Dios mira el corazón de las personas. Personalmente soy un hombre con muchos fallos y errores, meto la pata una vez sí y otra también, pero me emociona saber que Dios mira mi corazón y no mi exterior. Muchas veces en nuestra vida cometemos el mismo error de Samuel; nos dejamos impresionar por la estatura, el físico, la inteligencia o hasta la hermosura de una persona, pero nos olvidamos de mirar su interior.

A mí me encanta fijarme en la personas que caminan, que están sentadas en el parque, cada vez que me fijo en una persona, puedo ver si es morena o rubia, si es alta o baja si lleva gafas, Pero lo que no puedo saber es que hay detrás de esa máscara. Muchas veces rechazamos a las personas por lo que aparentan, pero puede ser que en el fondo de su corazón haya un grito desesperado de auxilio.


En medio de este mundo superficial hemos de mirar más allá de lo exterior y entender que conseguir el aspecto físico “ideal” resulta difícil, y complicado, y de muy poco valor. Sin embargo, podemos cultivar cualidades atrayentes que nos permitan impresionar a Dios y alcanzar la verdadera belleza interior.

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