05 noviembre 2011

El arma para vencer al enemigo

Podríamos definir la fe como “una entrega ciega a lo que Dios es, hace y dice”.

Es basar nuestra vida en la realidad de su confiabilidad. Sin embargo, a menos que la fe se vuelva activa en nuestra propia vida, será tan sólo una palabra.

La Biblia nos habla de un hombre que tenía un hijo lunático, este había pedido ayuda a los discípulos de Jesús, pero no habían podido sanarlo. Entonces los discípulos le hacen la gran preguntar a Jesús

¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

Los discípulos fueron incapaces de echar fuera a aquel demonio, y por eso le pidieron a Jesús una explicación. Este se refirió a su falta de fe.

En el transcurso de los siglos el hombre se ha caracterizado por los esfuerzos continuos para eliminar el mal de la tierra.

La preocupación más grande del hombre ha sido y es la incapacidad para vencer el mal con sus propias fuerzas, cuantas veces nos hemos hecho las preguntas ¿Por qué no puedo expulsar este mal de mi vida?

¿Por qué no puedo alcanzar lo que me propongo?

Es el poder de Dios, y no nuestra fe, lo que mueve montañas, pero la fe debe estar presente. La semilla de mostaza es más pequeña de lo que uno se puede imaginar. Una fe pequeña o sin desarrollo hubiera sido suficiente. Tal vez ellos procuraron sacar al demonio con su propia capacidad en lugar de hacerlo con el poder de Dios. Hay un gran poder aún en una fe pequeña cuando Dios está con nosotros. Si nos sentimos débiles o incapaces como cristianos, debiéramos examinar nuestra fe, asegurándonos de que no estamos confiando en nuestra propia capacidad para obtener resultados sino en la de Dios.

Jesús no condenó a los discípulos por su falta de fe, sino que les mostró cuán importante sería la fe en su ministerio futuro. Si usted está enfrentando un problema que parece grande e inconmovible como una montaña, deje de mirar la montaña y busque más a Cristo con fe. Sólo así su obra para El, será útil y vibrante.

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