Las mujeres siempre han jugado un papel muy
importante en la formación de muchos hombres líderes, tanto
espirituales como reconocidos personajes de la humanidad.
Mujeres que han sabido ser una compañía idónea para
sus esposos. Mujeres que han sabido ganarse un lugar privilegiado en la
historia, por su testimonio, trabajo y ejemplo inspirador.
Mujeres que demostraron cuán importante es para Dios la obra femenina, Dios escogió a muchas mujeres valientes, llenas de fe, amor, sabiduría, justicia y compresión.
Quizás una de las valientes, y quien decidió voluntariamente
enfrentar cualquier adversidad y crítica, y llevar en su vientre a aquel que vendría a
cambiar tu vida y la mía, fue María.
Admirada y amada por muchos, y aun en nuestros días,
menospreciada e insultada por otros, María,
aquella joven que trajo físicamente a Jesús a este mundo, y que nos dejó un
gran ejemplo de humildad, sabiduría y entrega al servicio de la obra de Dios.
Hoy en día, hay mucho profetas, pastores y apóstoles
que dicen que han recibido una palabra directa de Dios, que ven visiones, y lo
primero que hacen es exigirte que los mantengas y les des tus “diezmos y tus
ofrendas”, y luego venden sus “experiencia” en libros y CDs buscando hacerse famosos y que la gente les considere
y aplauda. Pero mira la diferencia que hay cuando de verdad recibes un encargo
de parte de Dios como lo recibió esta mujer valiente como María, que habiendo tenido un encuentro con un ángel
que, sí venía de Dios, y habiendo recibido la majestuosa revelación de que ella
sería una participante directa en la obra redentora de este mundo, no salió
corriendo a contárselo al mundo, ni a llamarse a sí misma profeta, o auto proclamarse apóstol, o a escribir libros o a grabar CDs no, ella se mantuvo callada y humilde, y si te
fijas bien, en las escrituras, cada vez que sucedía algo que marcaba su vida y
le demostraba la divinidad de su hijo, ella “guardaba estas cosas en su
corazón”.[1]
Qué gran ejemplo para nosotros, hombres y mujeres, y aunque
es muy difícil hablar de María sin causar el asombro y satisfacción de muchos,
o el ataque e ignorancia de otros, y sea cual sea tu actitud hacia ella, no podemos
negar, que fue la madre terrenal de Jesús, fue la que alimentó de su pecho al
Señor que dio su vida por todos nosotros, ella fue la que le cambió los
pañales, la que lo cargó y lo consoló cuando de bebé lloraba. Ella fue quien le dio su desayuno, su
comida y su cena cada día, y aunque la Biblia no habla de estas cosas, es muy
obvio que estas sucedieron de esta manera.
María, como mujer joven y valiente se enfrentó a una
sociedad que sentía odio y rechazo por la mujer, y con el riesgo de ser
apedreada si se descubría que José no era el padre de ese bebé.
Como madre ella enfrentó los retos de criar a un niño y, posteriormente a un
adolescente, y luego a un hombre que transformaría la historia del mundo
entero, y aun más, María enfrentó el
cruel dolor de ver a su hijo torturado y asesinados.
Y no solo eso sino que aun después de la resurrección y ascensión de
Jesús, ella se mantuvo fiel esperando la promesa del Espíritu Santo, y
era admirada y tomada en cuenta por los apóstoles y discípulos, de tal manera,
que mereció ser mencionada en el libro de Hechos, [2], donde se hace distinción
entre las personas que estaban perseverando en oración a María, la madre de
Jesús.
María fue una mujer valiente y decidida que no le importo
su condición para aceptar el llamado de Dios, que su testimonio sea un ejemplo no
solamente para las mujeres sino también para todos los hombres que recibamos el
verdadero llamado de Dios y que nuestra oración sea para que el Señor de los
cielos nos de la sabiduría, humildad y prudencia que tenia esta gran mujer.
[1].- Lucas 2.19
[2].- Hechos 1.14
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