10 septiembre 2010

El Costo del discipulado

La marca de un gran líder, hace que sus seguidores le siguan. El militar y político Italiano Garibaldi intento durante años luchar contra el poder pontifício, con la consigna de «Roma o la muerte», sólo para liberar a Italia.

Winston Churchill pronunció una conmovedora arenga en la que afirmó no poder ofrecer más que "sangre, sudor y lágrimas" a sus conciudadanos en su lucha contra los enemigos de Inglaterra.

Jesús pidió a sus seguidores a llevar la cruz. El signo de la muerte.

Andrés- crucificado
Bartolomé- torturado y después crucificado
Jacobo, hijo de Alfeo- apedreado hasta morir
Jacobo, hijo de Zebedeo- decapitado
Juan, exiliado por causa de fe y murió de edad avanzada.
Judas, (no Iscariote) apedreado hasta morir
Mateo, fue herido con lanzas hasta morir
Pedro, crucificado
Felipe, crucificado
Simón, crucificado
Tomás, fue herido con lanzas hasta morir
Matías, apedreado hasta morir.


Las exigencias que Jesús hace a los que le siguen son extremas. El cristianismo no es una religión del domingo por la mañana. Es un hambre de Dios hasta el punto de la muerte si es necesario. Sacude nuestros cimientos, derriba nuestras prioridades, nos enfrenta contra amigo y familia, y nos hace extraños en este mundo actual.
Un día, Jesús estaba siendo seguido por una gran multitud, se dirigió a ellos, y le dijo dos parábolas. En estas parábolas nos enteramos de las tres grandes necesidades para seguir a Jesús:

  1. Tenemos que establecer "Nuestras prioridades”.
  2. Calcular el costo .
  3. Tenemos que pagar el precio.

¿Y nosotros estamos dispuestos a seguir a Jesús? No tenemos que morir por creer en Jesús como ellos lo hicieron, pero sí podemos hacer un compromiso de estar tan seguros de Jesús como los discípulos lo estuvieron

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