15 enero 2010

No hay nada oculto que no haya de ser manifestado

Hoy en día están de moda, hay muchas personas que las utilizan una y otra vez como si no se tuvieran que pagar, “son las tarjetas de crédito”, nos dejamos engañar por la oferta compre ahora y pague después, nos entusiasmamos en el momento de la compra pensando que nunca lo vamos a pagar, y cuando llegar ese momento queremos escondernos porque nos cuesta pagar.

Pero la peor factura no es la comercial, sino la espiritual.

Son muchos los cristianos que juegan con las cosas prohibidas y se olvidan de que todo tiene una factura en la vida.

La Biblia nos presenta muchos casos de facturas olvidadas que con el tiempo fueron cobradas a hambres y mujeres que tenían una función especial en el pueblo de Dios.

Judá es uno de ellos la historia la podemos encontrar en Génesis 38, en esta historia podemos comprobar como a este hombre se le paso una factura que el ya había olvidado.

Este mismo caso le ha ocurrido a Iris Robinson, esposa del primer ministro principal del Ulster, y perteneciente a la Iglesia Evangélica Tabernáculo Metropolitano de Belfast, que ha quedado a la orilla del camino avergonzada porque alguien le mostró el sello, el báculo y el cinturón que ella entrego por un momento de placer. Cuando ella pensó que todo estaba olvidado y que nadie se enteraría, el enemigo la espero en la esquina para avergonzarla en público.

Hay muchas ofertas a nuestro alrededor, hay muchas tentaciones y muchos atajos que a la larga nos traerá, no solo vergüenza y tristeza para nosotros, sino para nuestra familia, para nuestra Iglesia y porque no para todos los cristianos. Que historia como esta nos haga reflexionar que esos instrumentos tan valiosos que el Señor nos ha dado, no lo queramos entregar por un vano, sutil y tenebroso momento de placer.

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